La cadena de supermercados La Anónima, propiedad de Federico Braun, presentó un balance que expone con crudeza el deterioro del consumo en Argentina. El dato más impactante es el salto en la morosidad vinculada al financiamiento a clientes: el cargo por incobrabilidad trepó a $19.255 millones, frente a los $2.830 millones del mismo período del año anterior. Es casi siete veces más. Detrás de la cifra, una realidad evidente: hogares que sostienen el consumo a crédito pero cada vez con más dificultad para pagar.

El negocio central tampoco quedó al margen. Las ventas del segmento supermercados, que representan más del 87% de la facturación, cayeron 4,2% interanual, pese a la apertura de nuevas sucursales. En el sector reconocen menos tickets y compras más chicas. Incluso en regiones donde la cadena tiene posiciones dominantes, el ajuste del gasto cotidiano ya se hace sentir.

La rentabilidad acompañó esa tendencia negativa. El resultado operativo cayó 46% y la ganancia neta se redujo a $9.709 millones, apenas el 0,65% de los ingresos, muy por debajo del margen del año anterior. Los costos laborales y operativos crecieron en línea con paritarias y estructuras adaptadas a menor actividad. El negocio sigue en pie, pero con márgenes cada vez más estrechos.

El contraste apareció en el frente externo. Mientras el mercado interno se debilita, el negocio frigorífico creció 57,7% impulsado por exportaciones y mejores precios internacionales. También el negocio financiero asociado a tarjetas propias mostró una suba superior al 100% interanual, aunque aún con peso marginal. La foto es clara: el mercado externo compensa lo que el consumo doméstico ya no puede sostener. En ese escenario, el balance de La Anónima funciona como termómetro de época: el consumo deja de ser motor y pasa a convertirse en variable de ajuste.

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